Las democracias también engendran monstruos

Carlos Rodríguez Nichols

No hay mayor falacia que los populistas autoritarios conspirando contra los cimientos de la libertad. De igual forma, dictadores que valiéndose de procesos electorales democráticos convierten los principios republicanos en genuinas autocracias. Impostores ideológicos de izquierda y derecha con un álgido proyecto en común: silenciar a la prensa acusándola de falsas atestaciones. Una estrategia absolutista para ocultar los submundos e incontables tergiversaciones políticas. En otras palabras, una feroz mordaza a la opinión pública.

Los discursos presidenciales, cargados de continuos ataques a la prensa, muchas veces palidecen ante las mentiras de los propios gobernantes. Por tanto, las noticias edulcoradas no proceden exclusivamente de los medios informativos, sino también de gobiernos populistas interesados en callar y reprimir la voz de los comunicadores. Habría que ver si las supuestas fake news son ficciones de los principales rotativos o más bien producto de las peripecias de algunos mandatarios, autores intelectuales de subterfugios que distan de transparencia y credibilidad. Gobernantes que se hacen pasar por víctimas de la prensa, cuando son ellos mismos los verdugos y victimarios de informativos contrarios a sus retorcidas políticas.

Hay que recordar la férrea batalla del expresidente ecuatoriano con los principales diarios y canales de televisión, finalmente acribillados a sus arbitrariedades. Correa silenció a la prensa. Al cabo de su mandato, se comprobó el desprestigio de su equipo de gobierno envuelto en una serie de negociaciones ilícitas. Un despilfarro de poder frente a la inoperancia de la prensa violentada al exilio del mutismo.

Sin embargo, existen innumerables casos de jefes de Estado que han sido forzados a renunciar a sus investiduras. La historia es testigo de vergonzosos descréditos, desde la escandalosa renuncia de Nixon en la década de los setenta hasta el reciente encarcelamiento de más de veinte fichas claves de la administración kirchnerista: ministros y altos jerarcas de la anterior administración argentina en prisión o la espera de un juicio oral por cometer millonarios desfalcos a las arcas del Estado. Una desfachatez a gran escala que cuestiona la impudicia e inmoralidad de la familia de la ex presidenta y su entorno más cercano. Ella, que durante una década agredió a la prensa con toda clase de agravios.

Y, qué mayor turbiedad que los artificios orquestados por la actual administración estadounidense intentando obstruir la justicia ante la intromisión de servicios secretos extranjeros en el sistema norteamericano. No se trata solo de connivencia en asuntos meramente electorales, sino de una infiltración cibernética a la médula del sistema institucional de las naciones occidentales. Si el once se septiembre fue un ataque al corazón financiero de la primera potencia mundial, esto, metafóricamente hablando, es una embestida a la mente estatal, al consciente y subconsciente de la psique política estadounidense.

Por eso, es inútil intentar tapar esta suerte de secreto a gritos con sustituciones y despidos de los ejes de la investigación. Porque, entre más se pretende cubrir esta mentira con falsos alegatos, más se enlodan los personajes involucrados en esta artimaña de proporciones colosales. Hasta el momento, solo ha salido a la luz un ápice de esta obscura trama internacional, la punta del iceberg.

De ahí, la indiscutible labor de los medios de comunicación valiéndose muchas veces de fuentes anónimas para socavar información confidencial de extrema complejidad. Por tanto, no se trata de lanzar una guerra sin cuartel contra la prensa. Más bien, aportar las coordenadas necesarias para una revalorización de la información impresa, oral y digital. Para construir una mayor interacción entre los medios, periodistas y receptores, es imprescindible un periodismo más profesional que no se limite exclusivamente a informar, sino también un fórum de opiniones apuntaladas a la realidad: una meritoria herramienta de conocimiento y educación de los ciudadanos.

Los rotativos mundiales, ahora más que nunca, deben aspirar a una mejor calidad periodística ante que a jugosas rentabilidades. La buena calidad informativa y las plumas excelsas siempre van a imponerse sobre la mediocridad, independientemente de la línea editorial. La excelencia tiene un precio alto, pero también una recompensa. Sin duda, la prensa es un valioso mecanismo de libre expresión y una contundente arma defensiva contra el alarmante ascenso de populistas, dictadores escondidos bajo caretas democráticas, y mediocres políticos irrespetuosos de los principios de la democracia.

Los costarricenses el próximo domingo eligen al nuevo Jefe de Estado que presidirá la nación durante los siguientes cuatro años. Se espera que el electorado tome nota de las atroces y disparatadas medidas cometidas por demagogos y falsos adoradores alrededor del mundo. Encantadores de serpientes que astutamente endulzan a sus seguidores con discursos llenos de promesas y palabras vacías, sabiendo de antemano que dichas ofrendas son imposibles de lograr. Una ordinaria verborrea para alimentar a las propias bases electorales, al miope rebaño que apuesta por ellos sin dar mayor credibilidad a los nefastos resultados de sus mandatos.

Una vez más, los costarricenses con su voto deben de enaltecer el honor de constituir una de las democracias más respetadas del mundo. Democracia que no puede enlodarse con vergonzosos populismos de corte castrense o religioso. Eso sería una desvalorización del espíritu de libertad que caracteriza a Costa Rica como pueblo y nación.

 

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