Las dos caras de una mentira

Carlos Rodríguez Nichols

La humanidad es testigo de una serie de actores con capacidad atómica marcándose los unos a los otros para asegurar su propia territorialidad política, fuerzas que compiten en diferentes frentes con el fin de lograr superioridad militar y económica en el escenario global. La realidad mundial está construida sobre grandes bloques luchando por las hegemonías regionales, sin duda, el fin de un ciclo unipolar en el que una única potencia lidera el planeta. Ejemplo de esto dicho es el abrupto cambio comportamental del dictador Kim en los últimos noventa días. Pasó de ser la paria del mundo para convertirse en el abanderado de la reconciliación diplomática con Pekín, donde fue recibido con los mayores honores de Estado, consolidando de esta forma la cercanía de ambos regímenes en materia de defensa, comercio y estrategia.

Así, la ascendente potencia china ratifica su incondicional compromiso con la autocracia de Corea del Norte. Alianza que se remonta a más de seis décadas de interacción entre Pyongyang y el gigante asiático, a pesar de las recientes sanciones infringidas por Pekín para satisfacer las exigencias de Occidente. No hay duda de la reciprocidad y similitud ideológica en la construcción de Estado que existe entre China y Corea del Norte, y, aún más, la complicidad entre ambas naciones para proteger sus intereses geopolíticos.

Ahora más que nunca, la cancha territorial asiática quedó claramente marcada. Si existía alguna duda sobre la posibilidad de un acuerdo entre Washington y Pyongyang, hoy, es cada vez más remota; al final, no será más que un circo mediático del que difícilmente surjan resultados significativos hacia la desnuclearización de Corea del Norte. Sin embargo, no es descartable que estos acercamientos construyan una conexión más armoniosa entre las dos Coreas, teniendo en cuenta la predisposición de Seúl a entablar una línea de comunicación con Pyongyang .

Meses atrás, Estados Unidos creyó contar con el beneplácito de China en un supuesto ataque nuclear a la península norcoreana, pero el inminente pacto acordado entre Pyongyang y Pekín tira por tierra cualquier tesitura de apoyo de Pekín a Washington, principalmente, después de las medidas tomadas por la Casa Blanca amenazando con una guerra comercial: una torpe jugada desde cualquier ángulo que se mire. Medidas proteccionistas estadounidenses que perjudican la producción y consumo de insumos con consecuencias económicas de alcance mundial. La amenaza arancelaria propuesta por Washington y la virulenta respuesta de Pekín ya están produciendo fuertes turbulencias bursátiles a nivel global. Un sinsentido que irrespeta las normas de la Organización de Comercio, menoscaba las exportaciones y, en última instancia, afecta a los consumidores obligándolos a pagar más por los productos importados. Esta ofensiva mercantil lo único que logra es debilitar la frágil relación diplomática entre el nuevo inquilino de la Casa Blanca y el poderoso Jefe de Estado chino. Insensateces que ponen en riesgo la seguridad mundial en diferentes frentes: nuclear, comercial y social.

Por otro lado, el panorama de Oriente Próximo es de enorme cautela, una coyuntura política y social que puede desatar un conflicto a gran escala. La ruptura de Estados Unidos del pacto antinuclear con Irán no solo incumple el trato ratificado por las potencias mundiales, sino que da alas a Teherán para desatender las verificaciones de Occidente y persistir en su carrera atómica. En otras palabras, el rompimiento del acuerdo lo único que conseguiría es el fortalecimiento atómico iraní y afianzar la cooperación militar entre Teherán y Moscú, relación diplomática claramente consolidada a raíz del conflicto sirio. Sin duda, los lazos entre ambas naciones son cada vez más estrechos de cara a la proyección expansionista en el Golfo, un escenario político en el que también se perfila la inclusión del dictador turco como parte constitutiva de este eje autocrático con significante cuota de poder regional.

Lo más serio de toda esta vorágine de noticias es la vergonzosa posición del Jefe de Estado estadounidense constantemente desdiciéndose de sus temperamentales propuestas, afectando una vez más la credibilidad de la primera potencia mundial. Es asombroso que Estados Unidos cometa este nivel de imprudencias; por tanto, cabría suponer que los asesores del mandatario estadounidense flaquean en materia de estrategia o el presidente desatiende las advertencias de sus consejeros. Washington debe comprender la nueva reestructura multiral, sino seguirá dando pasos en falso tapando sus incesantes errores con continuas erratas, un interminable círculo de impericias por intentar borrar las torpezas del camino.

About Carlos Rodríguez Nichols

Soy Carlos Rodríguez Nichols
This entry was posted in Uncategorized. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s