Bombardeo noticioso

Carlos Rodríguez Nichols

Estamos asediados por constantes ataques informativos. Un menú de noticias construido para públicos determinados según las diferentes ideologías. La sociedad en su conjunto es presa de sofisticados enjambres noticiosos interconectados mundialmente, una red con múltiples tentáculos responsable en gran medida de la fabricación de líderes políticos y campañas electorales. Pero, la autoridad de esta red informativa no se limita exclusivamente a la hechura de mandatarios y gobernantes; eso, en todo caso, no es más que la visible punta del iceberg.

La potestad desplegada por los imperios noticiosos se extiende a un amplio arco de decisiones estatales, financieras, comerciales y diplomáticas. De ahí, la conexión entre los medios de comunicación, instituciones bancarias, entidades jurídicas, agencias de inteligencia y cuerpos de seguridad. Un dominio que se perpetua en el tiempo más allá de los jefes de gobierno o ministros de turno. Ellos vienen, decretan y se van. Sin embargo, las entidades noticiosas trascienden a regímenes o períodos presidenciales. Algunos, acorde a la línea editorial de los rotativos y, en muchos casos, en duelo permanente con sus adversarios políticos.

Los ciudadanos, cada uno desde su condición personal, son imbuidos en esta vorágine noticiosa al servicio de los poderes económicos y sus intereses mercantilistas. Y, hablar de grupos de poder no se limita exclusivamente a industrias multinacionales o el sector financiero y empresarial como en décadas pasadas. Ahora, se debe contemplar a carteles internacionales de la droga, organizaciones terroristas implicadas en el trasiego de armas y personas, y a las mafias vinculadas globalmente en silenciosa complicidad. En esta retorcida dinámica se utilizan los unos a los otros con el único fin de alcanzar ambiciones personales y partidistas, pero ante todo ejercer dominación social.

En ciertos casos, la figura presidencial no es tan relevante como los alfiles del presidente. Ese círculo íntimo del Jefe de Estado constituido por consejeros, asesores legales, estrategas y expertos militares en estrecho contacto con la maquinaria estatal. Una compleja estructura multisectorial en la que los medios de comunicación juegan un rol trascendental como ventana frente a la opinión pública. Por eso, la importancia de una relación coordinada entre el poder ejecutivo y los diferentes entes gubernamentales. De lo contrario, se crea una bifurcación discursiva en la que ciertos miembros del gobierno sostienen parámetros contrapuestos a los lineamientos trazados por el ejecutivo.

Ejemplo de esto son los continuos vaivenes y contradicciones de la Casa Blanca. Al punto, muchas veces, de un franco antagonismo entre los decires del mandatario y los de sus propios ministros. En otras palabras, la Administración de Washington carece coherencia y la rigurosidad de una voz cantante más allá de las desmentidas amenazas y los quebrantos presidenciales. Torpes flaquezas del Comandante en Jefe, utilizadas hasta la saciedad por los canales informativos, al que continuamente señalan de falsear la realidad e intentar obstruir la justicia. Sin duda, las agencias noticiosas han hecho una feroz campaña para desacreditar al presidente, fruto, claramente, de los improperios y conductas desvergonzadas del jefe de gobierno estadounidense.

Este culebrón novelesco se ha convertido en la “soap opera” de las empresas informativas encargadas de desprestigiar al ya denigrado inmobiliario neoyorquino advenido presidente de Estados Unidos. Incluso aquellos que rechazan la tosca personalidad presidencial y sus irresponsables medidas políticas, impugnan la vulgaridad en la que han caído los medios noticiosos.

Se trata de informar de manera profesional y no competir entre los medios periodísticos para publicar la noticia más sensacionalista del momento. Porque, si se exige respeto y señorío de los gobernantes también se debe reclamar la misma seriedad y mesura a los canales noticiosos. Si no, la sociedad será víctima de una insolencia colectiva y un nefasto ejemplo para las futuras generaciones.

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