Néstor, Cristina y sus cuarenta ladrones

Carlos Rodríguez Nichols

Después de fuertes sospechas, finalmente sale a la luz pública el desvergonzado desfalco del gobierno kirchnerista durante los años de “la década ganada”. Sin duda, fue la década ganada para esta pandilla de sinvergüenzas de cuello blanco liderados por Néstor y Cristina Kirchner. Cómplices de la pareja ex presidencial en un estratégico asalto a las arcas del Estado argentino. Pero, así como no existe crímenes perfectos tampoco se puede hablar de una rapacería a gran escala sin dejar huellas criminales o al menos sombras de pasos trasgresores.

A tres años de haber dejado la Casa Rosada, se destapa uno de los escándalos de corrupción más ignominiosos de Latinoamérica. Atraco, que no solo involucra a la alta jerarquía del pasado gobierno sino también a distinguidos empresarios responsables de la obra pública del país. Es decir, negociaciones mafiosas que salpican a personalidades del universo industrial y financiero de las Administraciones Kirchner. Una mega causa con consecuencias inenarrables, que indudablemente marcará un antes y un después en las dirigencias políticas, independiente del color partidista y los alfiles de turno que ocupen la casa presidencial.

El matrimonio Kirchener fue lo suficientemente audaz para involucrar a gobernadores, jueces y representantes de la alta esfera empresarial en sus retorcidos escamoteos y depredación del Estado. Claro, no fue un acto de bondad con su prójimo más cercano, sino una vil astucia para “embadurnar” a propios y ajenos en estas macabras jaranas y así asegurar sus comprometidos mutismos. Una tapadera con extensas ramificaciones que trastoca los servicios de inteligencia, ampliamente cuestionados en el asesinato del fiscal Alberto Nisman por intentar desenmascarar los sinuosos contubernios de la ex presidenta.

Parece que en este ilusorio castillo de cristal ahora todos arrojan piedras al aire sin importarles los rangos del pasado. Cada día caen cabezas, una a una, desde insignificantes soldados rasos hasta ministros y banqueros implicados en connivencias con la pareja ex presidencial. Los peones de aquel enrevesado ajedrez hoy enuncian toda clase de detalles, nombres y apellidos con tal de minimizar sus penas y escapar a largas condenas en prisión.

Amparados por la ley, estos arrepentidos son piezas claves para desempolvar la pestilente herencia del kirchnerismo: cantidades millonarias de dinero en manos de ávidos gobernantes en lugar de ser destinado a la construcción de hospitales de primer orden, redes ferroviarias de alta velocidad, y sistemas de salud y educación propios del primer mundo. Sin duda, Argentina cuenta con la riqueza natural y potencialidad de desarrollo para ser ejemplo de crecimiento económico y social del continente.

Desafortunadamente, la codicia de los políticos indistintamente de sus discursos ideológicos ha convertido al país en un dechado de corrupción regional. Es decir, congresistas y senadores envueltos en falaces retóricas dadivosas, blindados con inmunidad y aforos que impiden se les pueda juzgar mientras ocupen posiciones oficiales. En otras palabras, líderes partidistas más interesados en engrosar egos personales y fortunas particulares que en el bien común que tan delusoriamente pretenden.

Pero, como en todo movimiento populista aún existe un sector del electorado ciego de fanatismo que rehúsa aceptar la realidad por más veraces y crudos engaños. Esa parte de la ciudadanía argentina que hasta la fecha adora a Cristina, esa suerte de “reina de pueblo”envuelta en coimas, lavado de dinero y toda clase de transacciones truchas. Porque, no importa lo que hagan o dejen de hacer estos políticos, sus exaltados seguidores los encubren hasta el final de su sepulcro político. Solo hay que recordar las multitudes que apoyaron al genocida Adolfo Hitler hasta los últimos días en bunkers clandestinos, y a Richard Nixon saliendo vergonzosamente por la puerta trasera de la Casa Blanca después de engañar a la Justicia, o la estampida del desprestigiado Pablo Escobar intentando sortear balsos en los tejados de Medellín. Los adoradores de estas siniestras personalidades públicas veneran a sus ídolos cuales santidades medievales exentos de cualquier pecado.

No obstante, en esta vorágine de corrupción y desfalcos argentinos aún se puede comprobar la autonomía del poder judicial y la labor investigativa de los medios de comunicación independiente de coacciones externas. Una vez más, se puede corroborar la existencia del profesionalismo periodístico al denunciar los excesos cometidos por las dirigencias políticas.

El caso Kirchner es una de las desfachateces más vergonzosas de Argentina y de esa maltrecha arenga supuestamente benefactora que en última instancia sólo beneficia a la clase política que ocupa la cúspide jerárquica. ¡Un acto de deslealtad y alevosía desde todo ángulo que se mire!

Esta escandalosa conspiración delictiva considerada uno de los mayores atracos estatales de la historia debe servir como espejo aleccionador no solo a los políticos argentinos sino también a gobernantes regionales implicados en obscuras negociaciones al margen de la ley:  una de las razones, sino la más de peso, por lo cual los pueblos latinoamericanos no terminan de salir del subdesarrollo económico y social en que se encuentran.

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