Matrimonio por conveniencia

Carlos Rodríguez Nichols

Rusia y China confirman su alianza con un despliegue de ejercicios militares llevados a cabo en Siberia, en los que participan uniformados, tanques, helicópteros y aviones de las dos naciones. Espectáculo que comprueba el potentado militar de los mayores presupuestos armamentistas del mundo después de Estados Unidos.

Estas maniobras militares denominadas Vostock 2018 evidencian la modernización de los aparatos castrenses de Moscú y Pekín en calidad de potencias mundiales, corroborando así su estrecha relación defensiva frente a los desafíos de Occidente en Ucrania, Irán, Siria y Corea del Norte. Intereses geopolíticos y comerciales que requieren de pactos estratégicos, la cooperación ruso-china en economía y la unión de fuerzas entre ambas naciones.

Si bien, esta exhibición no tiene “supuestamente” un destinatario exclusivo como en tiempos de la Guerra Fría, sin duda, es una puesta en escena de la preponderancia militar de ambas naciones frente al mundo entero. De esta forma, Rusia y China se potencializan en estrecha cercanía ante las políticas de intimidación de la actual Administración de Washington. Políticas interpretadas por las naciones rivales como intentos de coacción que no favorecen a ninguna de las partes y perjudican a los consumidores en términos generales, así como al entramado global al que chinos y rusos apuestan con firmeza.

China tuvo un crecimiento exponencial en materia defensiva en la última década. La expansión naval del monstruo asiático hoy cuenta con una flota armada capaz de desafiar, o al menos hacer frente, la supremacía estadounidense y el equilibrio de fuerzas en el Pacífico, principalmente, en el disputado territorio de las aguas del Mar de China rivalizadas entre Pekín, Washington y sus aliados.

Una vez más, el escenario mundial no se disputa entre dos potencias como en décadas pasadas sino entre las ocho naciones atómicas, esto sumado al desarrollo nuclear de Corea del Norte que tanto desvelo produce al poder estadounidense en el Pacífico. Coyuntura que requiere de estrategia y conocimiento para enfrentar a los “duchos” de la inteligencia: Putin, Xi Jinpin y el joven dictador coreano, que a pesar de su corta edad ha demostrado espuela política heredada de sus antecesores.

Por tanto, Estados Unidos no puede experimentar con novatos carentes de herramientas diplomáticas. Para eso existen instituciones de alto vuelo en materia de inteligencia, defensa y relaciones intercontinentales. Poner en manos de inexpertos tan serias y delicadas negociaciones, a lo único que conlleva es a la desestabilización del equilibrio mundial y al debilitamiento de Estado Unidos como primera potencia del mundo. A los jefes de gobierno de Moscú, Pekín y Pyongyang no se amedrentan con insultos, amenazas a medias, ni mucho menos con represalias comerciales. Ellos, no solo tienen recorrido en inteligencia y seguridad, sino que controlan el aparato estatal al punto de hacer y deshacer a su antojo, situación adversa a la de las naciones democráticas occidentales. Razón por la cual, en el hipotético caso de un conflicto de Estados Unidos contra la alianza rusa-china, Washington estaría en posición desfavorable.

Por otro lado, Europa difícilmente sacrificaría sus intereses para favorecer a Estados Unidos. Potencia mundial que en el último lustro desacreditó la institucionalidad de la OTAN marcando lineamientos contrarios a las políticas establecidas en pactos internacionales que datan de décadas atrás. Tratados que contaron con la aprobación de expertos en materia comercial, defensa y nuclear de las naciones involucradas. En ningún caso se trató de medidas disparatadas de los Jefes de Estado de turno para satisfacer vanidades personales, partidistas o incluso intereses estrictamente nacionales. El pacto nuclear con los ayatolas iraníes estuvo en la palestra por más de una década. No fue un capricho de George W. Bush o Barack Obama en beneficio de sus propias administraciones, sino la tarea conjunta de Secretarios de Estado, el Pentágono y las Agencias Internacionales de Inteligencia. Acuerdo que lejos de perfecto al menos instaba al dialogo en materia atómica con Irán, claramente, una de las fuerzas regionales en Oriente Medio, auspiciada por Rusia con el beneplácito de China.

Indudablemente, la relación de Moscú y Pekín tiene múltiples aristas. Cercanía que no se limita solo a tratados comerciales, sino que profundiza los lazos estratégicos y geopolíticos de ambas potencias a nivel global. Los recientes ejercicios militares en Siberia son manifestaciones conjuntas del posicionamiento y poder de las dos naciones en la escena mundial.

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