Violencia social y política

Carlos Rodríguez Nichols

La sociedad contemporánea está asediada por violentos grupos, muchos de ellos, actuando al margen de la ley. Europa vive bajo constantes amenazas de organizaciones terroristas desestabilizadoras del equilibrio colectivo por medio de subversivos códigos radicalistas. La situación en el otro lado del Atlántico es aún menos alentadora. Latinoamérica es escenario de fuerzas políticas que se desacreditan las unas a las otras, a pesar que ambos extremos del espectro político comparten signos saturados de violencia.

Por un lado, las naciones afines a la filosofía represora bolivariana ejercen políticas públicas sin el menor respeto por las carencias de sus ciudadanos, ni tampoco un ápice de observancia por la condición humana. Ejemplo de violencias discursivas recalcitrantes y de violaciones a los derechos básicos de los más necesitados. Ante este desolado panorama, hordas migratorias de venezolanos se ven obligados a dejar familias y raíces culturales en busca de algo más que esa paupérrima nada a la que el egocentrismo de sus obtusos mandatarios los dirigió. Incompetentes gobernantes deslumbrados por la codicia hundieron al pueblo venezolano, una de las naciones más ricas del mundo, en un profundo fango. Este almacigo de resentidos se valieron del dolor de los menos privilegiados para construir imperiosas mentiras y ostentosos porvenires diametralmente opuestos a lo que atacan sin comedimiento. Una mediocre perorata de venenosas injurias para encubrir la desfachatez de estos desalmados dirigentes.

Por otro lado, reaccionaros ultraderechistas de corte fascistoide con discursos anacrónicos intentan legitimar el proyecto político con verborreas impregnadas de irracionalidad y violencia. Fuerza y poder utilizados a ultranza para violentar el equilibrio colectivo en sociedades marcadas por abruptas diferencias étnicas y sociales, con una inseguridad galopante causada por corruptos Jefes de Estado, grupúsculos de mafiosos religiosos y bandas de criminales en control de los estratos más bajos de la jerarquía: sociedades en franca descomposición hundidas en una miseria de valores y en la pérdida de los referentes de autoridad. El próximo presidente de Brasil ha prometido militarización de la sociedad no sólo en términos de seguridad ciudadana sino también en preceptos morales; los cuales, desde su reaccionario pensamiento tiñe de homofobia, irrespeto a las igualdades de género y a los derechos de las minorías. Extremismo político en el que se inmiscuye fuerza, poder, autoridad y violencia. Desafortunadamente, una realidad que no se limita en exclusiva a la idiosincrasia de los países emergentes o en vías de desarrollo.

Estados Unidos, nación que por décadas ha sido ejemplo del andamiaje democrático, hoy se desgarra en una violenta polarización más allá del color partidista del electorado. Creencias y percepciones ideológicas instan al odio entre grupos de ciudadanos, es decir, a la hostilidad como elemento instigador de conflictos políticos. En otras palabras, la puesta en marcha de una constante guerra sin cuartel entre un sector de la sociedad que puja por un modelo económico y social de carácter ultra conservador, y el grueso restante de la población que apuesta por un colectivo progresista y justo sin distinción de raza, credo o género. Dos aristas del electorado qué a pesar de ser excluyentes en muchos aspectos, siempre lucharon por preservar los valores democráticos e integradores que han caracterizado a la primera potencia mundial.

Por eso, no hay que perder de vista los estragos llevados a cabo por dicotomías extremistas que lideraron el mundo durante buena parte del siglo pasado: el comunismo soviético marxista leninista y el fascismo nacionalsocialista de la Alemania nazi. Fuerzas ideológicas que determinaron el pensamiento político de Occidente en tiempos de guerras mundiales y, posteriormente, durante la bipolaridad hegemónica soviética-norteamericana en los años de la Guerra Fría. Coyuntura política y económica que a la postre evolucionó hacia la díada izquierda-derecha, dentro de parámetros democráticos de pacificación por medio de tratados y acuerdos multilaterales.

Sin embargo, en el último lustro las organizaciones internacionales han visto una pérdida de poder institucional frente al re-surgimiento de partidos de extrema izquierda de corte leninista, y nacionalismos populistas con tintes neofascistas. Violencia discursiva legitimadora de políticas públicas autoritarias que evidencian un retroceso o involución social: guerras ideológicas en las que elementos de violencia ponen en riesgo  los pilares democráticos que han definido el pensamiento político filosófico de las naciones occidentales durante los últimos setenta años.

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