Asediado por los cuatro costados

Carlos Rodríguez Nichols

El mandatario estadounidense menoscabó la institucionalidad de la primera potencia mundial haciendo caso omiso de los pilares del sistema democrático: entidades de inteligencia, seguridad y justicia a las que abiertamente desacreditó en campaña presidencial y en los años al frente de la Casa Blanca. Hoy, a la mitad de su mandato, empiezan a salir a la luz pública las componendas y engaños del entorno presidencial.

Un escenario político que vaticina una guerra sin cuartel. Un sálvese quien pueda, en el que no habrá consideración alguna por la figura presidencial. En otras palabras, un ataque de las instancias gubernamentales en aras de salvaguardar la verdad; la verdad, como “supuesta” piedra angular de la idiosincrasia  estadounidense.

El presidente, a los pocos días de asumir la presidencia le declaró su antipatía a la CIA, una de las entidades de inteligencia internacionales con mayor peso mundial. Hizo público las flaquezas de la institución y los errores cometidos en el pasado achacándole al servicio de inteligencia la derrota de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Independiente de la veracidad de sus palabras, el presidente de la primera potencia mundial no puede enlodarse en una batalla frontal contra la entidad que le brinda información clasificada de los Estados aliados y de potencias rivales. Porque, al desprestigiar la inteligencia estadounidense de forma pública lo único que logra es deteriorar la potestad de Washington a nivel internacional.

También, le declaró la guerra al FBI una de las instituciones más respetadas por el pueblo norteamericano. Su mayor equivocación fue despedir a James Comey, director de la agencia de investigación, para encubrir sus obscuras andanzas con la mafia rusa y los jaques saudíes: oligarcas internacionales envueltos en contubernios al margen de la ley que utilizaron su millonaria organización neoyorkina para blanquear colosales fortunas antes y durante la campaña presidencial.

Ante este derroche de erratas y falacias, el entonces advenedizo mandatario no encontró mejor opción que poner en duda el sistema judicial de la nación que preside. Sistema que no se doblegó ante las amenazas y el desconocimiento del Jefe de Estado, sino que llevó el caso hasta las últimas consecuencias con tal de salvar la institucionalidad de uno de los ejes más valiosos del sistema democrático de Estados Unidos. En otros términos, este empresario cuestionado en connivencias y conspiraciones internacionales no es ejemplo de honestidad y transparencia para reconstruir el Poder Judicial estadounidense.

Por más que el péndulo de la economía corrió a su favor y la situación financiera estadounidense haya florecido notablemente en el último lustro, la historia lo recordará como un mentiroso compulsivo que ha intentado saltar toda clase de obstáculos en su vida empresarial y como presidente de la primer potencia del mundo. Pero, poco a poco su castillo de mentiras y confabulaciones se desploma una a una. El sistema judicial que tanto desacreditó es ahora responsable de acomodar las piezas de este puntilloso rompecabezas, sin más, un afinado ajedrez político que compromete a potencias rivales en “compadrazgos” financieros e institucionales y, principalmente, en la umbrosa trama cibernética que atenta contra la seguridad de Estados Unidos.

El hombre de los casinos, las mujeres de la noche y abogados mafiosos no podrá mantener por mucho más tiempo su turbio pasado encorazado en la investidura presidencial. Él mismo lo dijo: “Yo nunca pensé que iba a ganar”. Entonces, si es así, la carrera presidencial fue una plataforma para fortalecer su imagen empresarial entre los mega magnates que juegan en las grandes ligas internacionales. Una apuesta que empieza correr en su contra, y aún faltan testimonios concluyentes por salir a la luz pública. Información proveniente de esas entidades que tanto desprestigió sin el menor reparo. Cómo dicen popularmente: “la jarana, tarde o temprano, sale a la cara” !

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