Ganadores y perdedores en la trama rusa

Carlos Rodríguez Nichols

Después de dos años, el Fiscal Especial Robert Muller concluyó que no hay elementos suficientes para implicar al presidente o a sus miembros de campaña en una supuesta conspiración entre el Kremlin y el presidente de Estados Unidos. Tampoco, el Fiscal cuenta con la evidencia necesaria para inculpar al mandatario de obstruir la Justicia en beneficio propio, a pesar de acusar formalmente a treinta y cuatro personas por estar ligados a la injerencia rusa. Al menos, esta es la historia oficial de cara a los ciudadanos que creen en la transparencia del Poder Judicial.

Pero, y un gran pero, a veces hay que “hacer de abogado del diablo” y leer entre líneas o intentar descifrar esas letras borrosas que por seguridad no se pueden desnudar ante el ojo público. En otros términos, información clasificada que se debe resguardar bajo secreto de Estado, especialmente, cuando compromete el profesionalismo de los servicios de inteligencia de la primera potencia mundial.

Por eso, inculpar al presidente de complicidad con la nación archienemiga no sólo involucra a la figura presidencial en un acto de traición a la patria, sino también expone públicamente la ineficiencia de los servicios de seguridad de Estados Unidos al no detener el ataque cibernético del Kremlin al cerebro institucional pilares de la democracia occidental. Reconocer semejante deslealtad de parte del presidente estadounidense exigiría la expulsión del Comandante en Jefe y el rompimiento de relaciones diplomáticas con la nación agresora, lo cual, conllevaría seriecísimas consecuencias diplomáticas tanto para Washington, Moscú y las naciones aliadas. Aquí, no se trata de Nixon escuchando grabaciones del partido opositor o Clinton teniendo sexo con una pasante en el Despacho Oval. Esto, tendría graves repercusiones a escala internacional al estar el presidente estadounidense implicado en un complot político con las altas esferas de Rusia, es decir la potencia rival de Washington por antonomasia.

Ante esta posibilidad, cabría pensar que la resolución de Muller fue el “mal menor” para proteger la credibilidad en el sistema judicial y democrático estadounidense. Al exonerar al presidente de conspiración con la potencia enemiga y de posible obstrucción a la Justicia desliga a Estados Unidos de un posible conflicto con Rusia. De esta forma, despeja la escena internacional y tira la bola al tejado de la Corte del Distrito de Nueva York donde el magnate neoyorkino es investigado en diferentes causas como empresario. Efectivamente, el presidente queda libre de toda culpa y pecados, pero, implicado ante la Justicia a título personal. Si fuera así, Robert Muller a lo Poncio Pilatos se habría lavado las manos dejando el campo libre a la entidad neoyorquina para enjuiciar al endiosado mandatario.

Más allá de cualquier hipótesis o análisis políticos, hoy por hoy, los grandes perdedores son el Partido Demócrata y los medios de comunicación que apostaron ciegamente a la resolución del Fiscal Especial en demérito del presidente. Durante dos años “pusieron todos los huevos en una sola canasta” y, ahora, al perder la jugada se quedan sin discurso político de cara a las próximas elecciones presidenciales. Claramente, no pueden atacar la gestión Trump en materia económica dado los resultados macroeconómicos favorables. La economía se ha recuperado de forma progresiva en el último lustro y la actual Administración ha sabido impulsar este crecimiento. Las cifras hablan por sí solas: bajo empleo, confianza en el mercado y mayor inversión en términos generales. Por otro lado, los Demócratas no tienen armas contundentes para criticar la política exterior del mandatario. A pesar de sus continuas amenazas a aliados y enemigos, el rompimiento con tratados internacionales o la batalla comercial con China, la actual Administración no ha involucrado al pueblo norteamericano en un conflicto armado y más bien ha tratado a toda costa de impedir una guerra en la península coreana.

En otras palabras, Trump es el ganador de la partida o al menos de esta jugada política. Hoy, el mandatario es dueño y señor de la escena, y, utilizará la resolución del Fiscal como arma electoral para atacar a los perdedores Demócratas. Esto, siempre y cuando la Corte de Nueva York no se pronuncie en su contra afectando de manera aplastante su relección presidencial. El problema del inquilino de la Casa Blanca ya no es Rusia o Putin, sino los juicios que enfrentan las organizaciones familiares que él presidió antes de ser investido Jefe de Estado. Sin embargo, no hay que menospreciar la astucia de Donald Trump y su experiencia en juicios y demandas civiles, fiscalías y retorcidas defensas. Sus marrullerías le han permitido hacer fortuna, sobrevivir a quiebras fiscales y ganar la presidencia de Estados Unidos sin tener ninguna experiencia política y, más aún, siendo rechazado por las élites sociales y partidistas de Estados Unidos.

Una vez más, las acomodadizas conclusiones de Robert Muller le permiten al presidente cantar victoria, ¡aunque sea una victoria momentánea o lo que muchos consideran un exiguo y fugaz triunfo presidencial. Trofeo político del que sacará provecho hasta que aparezcan los próximos nublados del día.

DSCF5275 (1)

 

About Carlos Rodríguez Nichols

Soy Carlos Rodríguez Nichols
This entry was posted in Uncategorized. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s