Showtime…

Carlos Rodríguez Nichols

El “show” del supuesto mejor presidente de la historia de Estados Unidos está llegando a su fin. Sus virulentas amenazas de fuego y furia se transformaron en “beautiful letters” a su acérrimo enemigo norcoreano, el emergente potentado atómico con alarmante alcance nuclear y suficiente sarcasmo para burlar al actual inquilino de la Casa Blanca, a la prensa, y a la opinión pública a nivel global. Irresponsablemente, el hombre más poderoso del mundo continúa haciendo sus habituales payasadas circenses mientras las potencias rivales se asientan con mayor fuerza en la arena política internacional.

China está detrás de Corea del Norte en categoría de potencia regional y mentor del joven dictador coreano. Nada se hace sin el aval del jefe de Estado asiático en estrecha relación con el Kremlin y los ayatolas iraníes. Por eso, una invasión a Teherán no se limita exclusivamente a destronar al régimen iraní y sus más cercanos colaboradores, sino, en todo caso, atentaría contra los intereses económicos y militares de Pekín y Moscú en el Golfo Pérsico. Esto confirma que Estados Unidos no puede tutelar el planeta como lo hizo en el pasado, por más que el inepto y descalificado Comandante en Jefe pretenda lo contrario.

El “America Fisrt” sirvió como slogan electoral para cautivar a incultos y potentados codiciosos en una ficción nacionalista carente de la estructura necesaria para sostenerse en la actual era globalizada. La dicotomía imperialista ya no existe; es decir, el mundo polarizado entre el capitalismo occidental liderado por Estados Unidos y el marxismo leninismo de la entonces Unión Soviética quedó relegado a las décadas de Guerra Fría. Por más que los sectores conservadores ultraderechistas y sus obtusos seguidores insistan en la primacía estadounidense como única potencia, el mundo es orquestado por ocho naciones nucleares que conforman el equilibrio de poder mundial.  Por eso, pretender la grandiosidad de décadas anteriores no es más que una engañosa fórmula para negar la realidad multilateral del presente. En otras palabras, verdades infundadas que sirven únicamente para alimentar chovinismos y reminiscencias del pasado con inconsistencias discursivas. Un sinfín de contradicciones que conlleva graves repercusiones a escala internacional, si bien, disparates que a la postre desacreditan los principios éticos de la primera potencia.

Está demás enumerar los pactos en los que Washington ha perdido el liderazgo que se espera de la nación más poderosa. En otras palabras, la vaticinada “America First” más bien se debilita ante los ojos del mundo, principalmente frente a estrategas geopolíticos que rivalizan el planeta a nivel global. Estados Unidos en tanto líder mundial no es más fuerte que años atrás. Al contrario. En la actualidad cuenta con el menosprecio de un considerable sector de la comunidad de naciones, incluso de sus más fieles aliados, debido en gran parte al comportamiento y las constantes erratas de la actual Administración. Esto, sumado al desprestigio de los servicios de inteligencia estadounidenses descalificados hasta la saciedad por el mismo presidente en función; quizás, uno de los mayores desaciertos del egocéntrico mandatario. Su desbordante ego sobrepasa toda racionalidad y normas diplomáticas, oh sea, una personalidad concéntrica  enardecida por el esplendor de ¡cámaras, luces, acción!

Es hora de poner fin a este burdo show político que pone en peligro el equilibrio mundial. El mundo necesita ser dirigido por mentes capaces de conciliar los múltiples actores políticos en lugar de disociar fuerzas existentes. Polarizando la comunidad de naciones entre amigos y enemigos, “los míos y los otros”, lo único que logra es una constante batalla de poderes.

Hoy el mundo necesita líderes competentes aptos para integrar los diferentes sectores del colectivo social: integración transversal sin distinción de color de piel, credo religioso, género o preferencias sexuales. Se requiere mayor fusión de culturas y no disgregación de los sujetos que las conforman, si no, la violencia se adueñará cada vez más de organizaciones que siguen mandatos de fanáticos y extremistas.

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