El ocaso de la razón

Carlos Rodríguez Nichols

La sociedad democrática hija de la Ilustración se construyó sobre la razón y no la emocionalidad o el sentimentalismo. Racionalidad que apela al fundamento de la verdad, la comprobación, el conocimiento científico y la reflexión como pilares del entendimiento. Así, el Renacimiento y los siglos posteriores se convirtieron en pozo del saber documentado. Valores como la honestidad y lealtad fueron los cimientos de la idiosincrasia de Oriente y Occidente, culturas en las que la rectitud fue piedra angular y elemento constitutivo del colectivo social en términos generales.

La modernidad proporcionó espacios de libertad insospechados en épocas anteriores, sin embargo también pulverizó reglas y normas de comportamiento interpersonales dando mayores márgenes a la individualidad, el egocentrismo y un narcisismo desenfrenado; es decir, idolatría al mercantilismo y al dinero duro y puro al precio que sea, irrespetando todo referente de autoridad. Autoridades que no solo se demarcaron sino que en muchos casos han sido cómplices de las conductas más insanas del ser humano.

Esto ha causado una descomposición social a gran escala en la que un importante número de políticos, ciudadanos, curas y delincuentes van por la libre actuando según sus más perturbados intereses. Es tal el irrespeto a los valores y normas establecidas que la humanidad se perfila hacia una vorágine colectiva,  desorden social en el que cada uno es dueño y señor de su propia vida escapando  por todo medio posible a la justicia, justicia que muchas veces es todo menos justa, diáfana o transparente.

Por eso, la necesidad de populistas y “demagogos pseudo-religiosos” de recurrir a la emocionalidad. Emocionalidad utilizada en gran medida por movimientos extremistas de izquierda y derecha para exacerbar la falacia, el mito y la intuición de la mayoría; es decir, de los menos ilustrados o escasamente favorecidos a nivel intelectual. Un retroceso al guion narrativo, a la ficción, la inventiva de utopías de grandiosidad incongruentes con todo pensamiento racional fundamentado en la veracidad de los hechos.

Ahora parece no importar el engaño o tergiversación de  la realidad, después de todo siempre hay corruptos ansiosos de poder que se vender al mejor postor. Así, los transgresores de la ley salvan su paupérrima integridad, saliendo muchas veces ilesos de comportamientos mafiosos o negocios al margen de la legaidad. La trama se basa en manipular las variantes de tal manera que no se encuentre vestigios de irregularidad alguna.

Es vergonzoso como miles de curas acusados de las más viles y perversas acciones se esconden bajo la potestad de la Iglesia para huir del castigo de la ley. De igual forma, mandatarios y funcionarios públicos intentan escapar al yugo de la justicia amparándose en el poder de su dinero comprando supuestos verdugos. Resultan degradantes las recientes artimañas llevadas a cabo por la Casa Blanca para proteger al presidente, señalado desde diferentes flancos como auténtico corruptor de la verdad. Sin embargo, debido a su carente refinamiento intelectual él se enreda en sus propias incongruencias, en una falacia compulsiva marcada por constantes contradicciones. No solo actúa inadecuadamente según los preceptos constitucionales sino que repetidamente obstruye la justicia para evitar males mayores contra su persona o los de la organización familiar que tras bambalinas aún dirige.

Es tal la desfachatez que en repetidas ocasiones se ha prestado a seguir las directrices marcadas por sus rivales políticos con tal de abonar su terreno a futuro. En otras palabras, es un “ganso” de Vladimir Putin y la argolla de oligarcas moscovitas cada vez más fuertes a nivel geopolítico y económico. Maniobran al mandatario estadounidense a cambio de ocultar irregularidades de su pasado o en el mejor de los casos favorecer sus millonarias inversiones inmobiliarias a mediano y largo plazo. Los rusos no son los únicos que lucran con el aval o la mirada ciega del Despacho Oval.

Los príncipes saudíes son tan cercanos al presidente norteamericano que la Casa Blanca de forma repetida ha negado los nexos financieros de Arabia Saudí con grupos extremistas, así como la autoría intelectual de la familia real saudí en el macabro descuartizamiento de un periodista, corresponsal, conocido por sus álgidas críticas a las políticas del principado petrolero a nivel internacional. Irregularidades de la actual Administración de Washington, pasadas por alto o escusadas por sus fervientes seguidores.

Aún hay un importante sector de la población que apoya a este suerte de filibusteros políticos. En el ámbito internacional, Cristina Kirchner será relegida vicepresidenta de Argentina después de haber usurpado una  colosal fortuna de las arcas estatales durante la risible “década ganada kirchnerista”. Indistintamente de los discursos políticos, todos estos populistas e inmorales religiosos tienen algo en común: venden una ficción, una narrativa construida a la medida de un importante fragmento de la sociedad incapaz de ir más allá del irracional guion novelado. Tristemente, son viles mercaderes de irrealidades, de  sueños de grandiosidad imposibles de alcanzar. En otras palabras, vendedores de falsas promesas para embaucar a los más sencillos de pensamiento, a ese grueso de la población carente de las herramientas necesarias para construir análisis realistas basados en datos comprobados. Esos son los que alimentan a estas organizaciones religiosas que rallan en el fundamentalismo de políticos corruptos y  movimientos extremistas.

No es nada nuevo, esto ha existido a lo largo de la historia. Vulgos que apoyaron a retorcidas personalidades políticas hasta en el ocaso de sus lechos mortales o escondites subterráneos: Nerón, los Borja, Hitler, Castro y Maduro son algunos de los miles de desalmados que han destruido a sus pueblos. Hoy, ¡a estos vulgares y apasionados prosélitos los llaman las bases partidistas!

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1 Response to El ocaso de la razón

  1. Felicitación es. Deberías estar en Chile escribiendo el futuro..

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