Epidemias del siglo 21

Carlos Rodríguez Nichols

En los últimos veinte años han aparecido enfermedades infecciosas de múltiples etiologías causando un impacto en la salud y en los patrones de mortalidad a nivel global. En muchos casos, epidemias transmitidas al hombre por una diversidad de animales: cerdos, aves, y murciélagos que constituyen el reservorio de ciertos virus. Entre ellos, vale mencionar el SARS que emergió de China extendiéndose por varios países afectando a miles de personas y dando muerte a centenas de inocentes. Asimismo, en 2011 apareció en México una epidemia ocasionada por la influenza porcina dejando su huella en más de 120 países. También, en 2013 se propagó un virus causante de enfermedades respiratorias identificado como una variante de la influenza aviar. Siguiendo esta línea, se puede identificar la estrecha relación entre enfermedades virales y alguna especie animal. Ante esto, la utilización de animales por el hombre es un irrefutable factor de propagaciones epidémicas.

El crecimiento de la población mundial, los cambios climáticos, la apertura de fronteras comerciales y la masificación de viajeros, son indudablemente otros de los  factores atribuibles a las epidemias mundiales. Esto, sin olvidar la manipulación de microorganismos como armas biológicas contra poblaciones y  potencias enemigas. Así como el mundo está globalmente interconectado por medio de redes comerciales, financieras y medios de comunicación que condicionan a las poblaciones bajo una misma estructura de comportamiento, de igual forma se propagan pandemias afectando la salud mundial a gran escala, es decir, epidemias de rápida extensión que infectan a miles y centenares de miles. Las poblaciones al carecer de protocolos inmunológicos son altamente susceptibles a las diferentes cepas de virus, lo que complica el conocimiento y gravedad de las epidemias. Por eso, la contención de brotes epidémicos en sus inicios es una de las estrategias más efectiva para combatir los virus. Competencia que exige una interacción multisectorial de expertos de la salud, medios de comunicación, entidades gubernamentales y una sostenible inversión financiera en investigación epidemiológica.

La actual pandemia del coronavirus, hasta ahora de origen desconocido y sin vacuna a corto plazo ni un tratamiento específico, aumenta a mas de cien mil casos confirmados. Esta crisis sanitaria que afecta a poblaciones sin distinción de raza, género o clase social alrededor del mundo requiere políticas públicas globales, en otras palabras, coordinación internacional para controlar el virus. Realidad mundial en la que debe entrelazarse el campo de la salud, políticas públicas y medidas económicas a corto y mediano plazo. En otros términos, pone a prueba la capacidad de los centros sanitarios y el equipo hospitalario necesario para hacer frente al creciente número de personas infectadas o en proceso de observación. Para ello, se necesita mayor interacción investigativa entre entidades académicas, tecnología e instituciones científicas, sabiendo de ante mano que los virus causantes de epidemias y pandemias en la actualidad no son estrictamente virus  nuevos, sino en muchos casos diferentes cepas de virus anteriormente existentes.

Por otro lado, los gobiernos deben implementar campañas educativas para que los ciudadanos se comprometan a realizar una constante higienización personal y  lleven a cabo las medidas recomendadas con el fin de evitar una mayor propagación del fenómeno pandémico. También, se requiere el correcto liderazgo de jefes de estado y sus equipos de gobierno para atacar esta epidemia de alcance pandémico: reto político que exige asumir con responsabilidad las pérdidas humanas así como las consecuencias económicas estrechamente ligadas al pánico colectivo mundial frente a este fenómeno epidemiológico. En otras palabras, pavor a lo incierto y a la génesis de la pandemia. Especialmente, su acelerada y amenazante circulación producto en gran parte de las ineficientes políticas unilaterales y poca transparencia de algunos gobernantes de cara a esta epidemia de fácil contagio.

Es hora de dejar de lado discursos vacíos y verdades a medias. Cada día que se pierde significa mayor propagación del virus, el eminente colapso de centros sanitarios y consecuentemente pérdidas humanas. El mundo está en alerta roja, quien no lo quiera entender atenta contra su propia vida y desafía el entorno de forma irresponsable.

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