China y Rusia: artífices del espionaje internacional

Carlos Rodríguez Nichols

El fin de la guerra Fría dio paso al multilateralismo geopolítico a nivel mundial. Actualmente, los ocho Estados más poderosos del mundo invierten billonarias sumas de dinero en tecnologías y estrategias de espionaje que permiten inmiscuirse, interferir y manipular los escenarios políticos de naciones rivales. El internet se convirtió en el canal de conexión del ciberespionaje; es decir, un medio idóneo para espiar, controlar y beneficiarse de la vulnerabilidad de otras naciones. En fin, piraterías tecnológicas y comerciales que violan los principios básicos del Derecho en aras de determinados intereses políticos. En otros términos, poderosos aparatos de espionaje destinados a robar información militar, nuclear y documentos confidenciales. 

Esto ha dado lugar a nuevas tácticas de confrontación: las guerras cibernéticas. Ya no se trata de hombre en el frente o la conquista de vastos territorios; sino, obtener información secreta de otras potencias para ejercer dominio sobre los recursos naturales mundiales y el liderazgo tecnológico a escala global. Durante siglos, las potencias mundiales han utilizado el espionaje para beneficio propio irrespetando tanto la soberanía de estados enemigos como de supuestos aliados políticos. En la actual era cibernética, las nuevas tecnologías y los medios de comunicación de masas han servido como maquinaria de influencia masiva; un feroz control social donde la realidad es “trastocada” según el receptor al que se dirige. En otras palabras, “verdades” que no son necesariamente infalibles pero comunican lo que ciertos sectores quieren escuchar, es decir, métodos de desinformación instrumentados para satisfacer la ira y hostigamiento de poblaciones específicas. 

China y Rusia son los paladines de estas maniobras propagandistas o estrategias mediáticas, cuya finalidad es desacreditar las democracias de Occidente. Esto, no significa que los chinos y rusos son más retorcidos o perversos que la casta política occidental, sino, en todo caso, son los artífices del espionaje internacional y las nuevas guerras cibernéticas. Ciberinteligencia actualmente liderada por el bloque nuclear-dictatorial conformado por Rusia y China, estratégicamente aliados con Irán y Corea del Norte. Cuatro estados autócratas que intentan debilitar la hegemonía de Estados Unidos como primera potencia mundial. 

Para ello, se valen de sofisticadas armas tecnológicas capaces de inmiscuirse en la inteligencia estatal, las instituciones gubernamentales y organizaciones financieras; interfiriendo, de esta forma, en las políticas internacionales de Washington. Una guerra cibernética en la que participan hackers altamente especializados en ciberinteligencia, teorías de la conspiración y estrategias destinadas a polarizar las sociedades. Lo que en décadas pasadas se limitaba a la instalación de virus informáticos con fines fraudulentos, actualmente se ha transformado en una compleja red de “delincuentes de la ingeniería” que amenazan la seguridad mundial de forma cada vez más devastadora. Organizaciones clandestinas que han sacado a la luz pública documentos confidenciales acerca de supuestas filtraciones y derrocamientos de políticos opuestos a los intereses de las potencias. Información secreta que si desvela de forma irresponsable puede causar serios daños a las relaciones internacionales y a la comunidad de naciones en términos generales.

Ejemplo de esto dicho es la innegable injerencia cibernética rusa en el cerebro del partido Demócrata durante las elecciones estadounidense del 2016. También, la participación del Kremlin en el referéndum del Reino Unido sobre de la salida de la Unión Europea, y el apoyo de Moscú a grupos extremistas en Francia, España, Italia y Venezuela, para mencionar algunos de los satélites que giran alrededor de las políticas y medidas económicas de Rusia y China. ¿Con qué fin? alterar la geopolítica mundial y el balance de poder de las grandes potencias occidentales a escala global.

Ante esto, cabe preguntarse si las próximas elecciones en Estados Unidos estarán intervenidas por la ciberinteligencia china-rusa con el único fin de mantener en la Casa Blanca al actual presidente: un inepto en estrategia política internacional, que en lugar de fortalecer a Estados Unidos como líder del mundo más bien a empoderado a Moscú y Pekín al podio de supremacías mundiales. Hoy, cuatro años más tarde, América está desgastada internacionalmente y el bloque constituido por China y Rusia con el apoyo estratégico de Irán y Corea del Norte avanzan con más fuerza, profundizando la impronta geopolítica de Pekín y Moscú a nivel global. 

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