Matrimonio por conveniencia

Carlos Rodríguez Nichols

Rusia y China confirman su alianza con un despliegue de ejercicios militares llevados a cabo en Siberia, en los que participan uniformados, tanques, helicópteros y aviones de las dos naciones. Espectáculo que comprueba el potentado militar de los mayores presupuestos armamentistas del mundo después de Estados Unidos.

Estas maniobras militares denominadas Vostock 2018 evidencian la modernización de los aparatos castrenses de Moscú y Pekín en calidad de potencias mundiales, corroborando así su estrecha relación defensiva frente a los desafíos de Occidente en Ucrania, Irán, Siria y Corea del Norte. Intereses geopolíticos y comerciales que requieren de pactos estratégicos, la cooperación ruso-china en economía y la unión de fuerzas entre ambas naciones.

Si bien, esta exhibición no tiene “supuestamente” un destinatario exclusivo como en tiempos de la Guerra Fría, sin duda, es una puesta en escena de la preponderancia militar de ambas naciones frente al mundo entero. De esta forma, Rusia y China se potencializan en estrecha cercanía ante las políticas de intimidación de la actual Administración de Washington. Políticas interpretadas por las naciones rivales como intentos de coacción que no favorecen a ninguna de las partes y perjudican a los consumidores en términos generales, así como al entramado global al que chinos y rusos apuestan con firmeza.

China tuvo un crecimiento exponencial en materia defensiva en la última década. La expansión naval del monstruo asiático hoy cuenta con una flota armada capaz de desafiar, o al menos hacer frente, la supremacía estadounidense y el equilibrio de fuerzas en el Pacífico, principalmente, en el disputado territorio de las aguas del Mar de China rivalizadas entre Pekín, Washington y sus aliados.

Una vez más, el escenario mundial no se disputa entre dos potencias como en décadas pasadas sino entre las ocho naciones atómicas, esto sumado al desarrollo nuclear de Corea del Norte que tanto desvelo produce al poder estadounidense en el Pacífico. Coyuntura que requiere de estrategia y conocimiento para enfrentar a los “duchos” de la inteligencia: Putin, Xi Jinpin y el joven dictador coreano, que a pesar de su corta edad ha demostrado espuela política heredada de sus antecesores.

Por tanto, Estados Unidos no puede experimentar con novatos carentes de herramientas diplomáticas. Para eso existen instituciones de alto vuelo en materia de inteligencia, defensa y relaciones intercontinentales. Poner en manos de inexpertos tan serias y delicadas negociaciones, a lo único que conlleva es a la desestabilización del equilibrio mundial y al debilitamiento de Estado Unidos como primera potencia del mundo. A los jefes de gobierno de Moscú, Pekín y Pyongyang no se amedrentan con insultos, amenazas a medias, ni mucho menos con represalias comerciales. Ellos, no solo tienen recorrido en inteligencia y seguridad, sino que controlan el aparato estatal al punto de hacer y deshacer a su antojo, situación adversa a la de las naciones democráticas occidentales. Razón por la cual, en el hipotético caso de un conflicto de Estados Unidos contra la alianza rusa-china, Washington estaría en posición desfavorable.

Por otro lado, Europa difícilmente sacrificaría sus intereses para favorecer a Estados Unidos. Potencia mundial que en el último lustro desacreditó la institucionalidad de la OTAN marcando lineamientos contrarios a las políticas establecidas en pactos internacionales que datan de décadas atrás. Tratados que contaron con la aprobación de expertos en materia comercial, defensa y nuclear de las naciones involucradas. En ningún caso se trató de medidas disparatadas de los Jefes de Estado de turno para satisfacer vanidades personales, partidistas o incluso intereses estrictamente nacionales. El pacto nuclear con los ayatolas iraníes estuvo en la palestra por más de una década. No fue un capricho de George W. Bush o Barack Obama en beneficio de sus propias administraciones, sino la tarea conjunta de Secretarios de Estado, el Pentágono y las Agencias Internacionales de Inteligencia. Acuerdo que lejos de perfecto al menos instaba al dialogo en materia atómica con Irán, claramente, una de las fuerzas regionales en Oriente Medio, auspiciada por Rusia con el beneplácito de China.

Indudablemente, la relación de Moscú y Pekín tiene múltiples aristas. Cercanía que no se limita solo a tratados comerciales, sino que profundiza los lazos estratégicos y geopolíticos de ambas potencias a nivel global. Los recientes ejercicios militares en Siberia son manifestaciones conjuntas del posicionamiento y poder de las dos naciones en la escena mundial.

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Los preceptos económicos de Hitler en tiempos de Trump

Carlos Rodríguez Nichols

La Primera Guerra Mundial hundió a Alemania en una miseria económica y moral con índices hiperinflacionarios, desempleo masivo y pobreza extrema. Esto, sumado a las deudas astronómicas impuestas por los vencedores del conflicto mundial según estipulado en el Tratado de Versalles. Ante este desolado horizonte surge Adolf Hitler, político emergente con un categórico mensaje dirigido principalmente a las clases medias desfavorecidas: “Alemania tiene que volver a ser la más grande de todas las naciones”. Para ello, había que acabar con las abrumadoras cifras de desocupados reactivando la economía con infraestructura y obra pública; medidas que lo consagraron como líder de la mayoría de alemanes. Hitler pensaba que el armazón social se consigue mediante la estabilización de la clase obrera por medio de empleo y estado de bienestar.

Sin embargo, el advenedizo autócrata no podía llevar a cabo su proyecto de manera sostenible sin el apoyo de empresarios, industriales y banqueros: el sector de la sociedad que conformaba la burguesía alemana deseosa de conservar el estatus económico y privilegios al precio que fuera. Por eso, una de las primeras claves del Führer fue bajar los impuestos al sector industrial con el fin de agilizar la economía y tener el respaldo de las clases altas siempre embriagadas de robustas sumas financieras. A estos, no les importó los abusos de poder del tirano o la ruptura de los tratados internacionales, entre ellos el dicho acuerdo de Versalles que obligaba a Alemania a pagar los daños causados en la gran guerra, ni tampoco el incumplimiento de compromisos comerciales previamente establecidos con las naciones europeas. Más bien, aplaudieron la furiosa verborrea del dictador culpabilizando a las potencias rivales de la ruina germana, países a los que masacró con toda clase de epítetos hasta finalmente retirar a Alemania de la Liga de Naciones.

Sus seguidores no vieron más allá de la “recuperación económica” de Alemania, al extremo de cegarse ante uno de los genocidios más vergonzosos de la reciente historia europea. Sin más, se convirtieron en la parte vital de la corte nazi y cimientos del proyecto geopolítico expansionista del maquiavélico dictador. En otras palabras, viles cómplices de este desequilibrado narcisista que llevó al pueblo germano a vivir el capítulo más humillante de la cultura alemana. Es decir, vendieron el honor y distinción de honorables antepasados ante la promesa de una economía boyante ideada por este vulgar palurdo carente de todo respeto por la condición humana: un absoluto desprecio a las minorías que humilló hasta hacerlas cenizas y escombros en escalofriantes cámaras de gas. En otros términos, la nación cuna de filósofos, científicos y músicos prodigios se convirtió en un matadero humano en el que millones de inocentes fueron víctimas de este perturbado mental; quizás, la personalidad política más retorcida y perversa del siglo veinte.

Así, la otrora Alemania estirpe del conocimiento durante siglos de Ilustración se convirtió en una suerte de filosa guillotina de judíos, intelectuales y aquellos que discreparan de los lineamientos dictatoriales establecidos por el Führer. Este masivo crimen estuvo  bajo el control propagandística del Partido Nazi encargado de ocultar el antisemitismo de cara a la opinión pública internacional. Estrategia que explica el  contundente respaldo al Tercer Reich tanto en Alemania como en el exterior, principalmente, entre las células nazis radicadas en Gran Bretaña, Estados Unidos, Italia y la España franquista.

Setenta años más tarde, el mundo fue testigo de otro atroz atentado perpetuado por fanáticos extremistas, esta vez, contra el corazón financiero de Estados Unidos. Si la Primera Guerra Mundial tuvo repercusiones aniquilantes para la economía alemana, el asalto a las torres Gemelas sumado a la trillonaria guerra de Estados Unidos en Irak y la crisis financiera del 2008 fueron factores desestabilizadores de la economía estadounidense. Esta depresión económica afectó la capacidad de consumo del pueblo norteamericano, rezagó el sector industrial y aumentó el desempleo menoscabando el nivel de vida del pueblo estadounidense. ¡Después de un siglo de grandiosidad, los estadounidenses se vieron ante la inminente desescalada de la primera potencia mundial! Coyuntura económica y social que el empresario neoyorquino astutamente canalizó en campaña electoral, ofreciendo a esas “masas venidas a menos” la esperanza de volver a ser los ciudadanos de la nación más poderosa del mundo. ¡America First Again!

Pero, esto no se puede lograr sin el respaldo del sector empresarial al que favoreció con importantes reducciones de cargas impositivas: paralelismo con las políticas implementadas por el dictador germano siete décadas atrás. Una vez más, las burguesías obnubiladas con las economías boyantes anteponen los réditos financieros a la educación, las formas y el valor de la diplomacia como herramienta política invaluable. Atributos ausentes tanto en el dictador germano como también en el actual inquilino de la Casa Blanca y su horda de fieles seguidores.

En otras palabras, políticos populistas que valiéndose de discursos radicales nacionalistas embaucan tanto a las clases desfavorecidas como a codiciosos oligarcas que con tal de engrosar sus fortunas personales se venden al mejor postor. Demagogos que alcanzan el poder prometiendo hasta lo indecible a los más necesitados, a esas poblaciones estancadas en una inmovilidad social fruto de erróneas medidas e inoperantes Jefes de Estado. Desafortunadamente, hay un extenso camino entre lo dicho y el hecho. Los acalorados mítines en plazas públicas permiten exaltar las emociones y los sentimientos más básicos del ser humano, de esos millones de fanáticos ciegos de lealtad a los que engañan con falsas evasivas, y, más aún, con promesas vacías carentes de soluciones pragmáticas a sus inciertos futuros.

Las erratas comportamentales del Führer llevaron a Alemania a un desprestigio internacional y a una situación socioeconómica incluso peor a la realidad existente antes de su autoritario mandato. En el caso de Estados Unidos, el futuro próximo se encargará de dictar sentencia a los yerros, insultos e improperios que el actual mandatario expele al mundo entero. ¡Un castillo de aire que él mismo bufa y desmorona cada día!

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Humano, humanísimo

Carlos Rodríguez Nichols

McCain fue marinero, piloto de guerra, testigo de torturas en carne propia, descendientes de almirantes navales, padre y esposo íntegro, senador por más de treinta años y candidato a la presidencia de la primera potencia mundial; es decir, ejemplo de patriotismo, decencia y honor. Sin duda ocupará un lugar entre las personalidades más prestigiosas de la historia de Estados Unidos.

Su funeral, más que un rito protocolario, fue homenaje a un hijo de la patria fruto del esplendor estadounidense de décadas pasadas, reconocimiento internacional hoy menoscabado. La afirmación de una vida dedicada al bien de la nación, y, más aún, legado al país que lo vio nacer y por el que luchó hasta el último de sus días.

La herencia más importante de McCain fue su empeño en unir a republicanos y demócratas, poniendo los valores y la dignidad más allá de los intereses partidistas. Por eso, él mismo planeó cuidadosamente sus propias honras fúnebres, invitando personalmente a expresidentes y respetables figuras políticas estadounidenses, indistintamente de la ideología partidista, en calidad de oradores a su sepelio. Entre estos, George W. Bush, Barack Obama, Joe Biden, Henry Kissinger, Al Gore, Nancy Pelosi y Paul Ryan. Todos ellos asistieron excepto el actual Comandante en Jefe de Estados Unidos, quien no fue requerido a este acto solemne digno de un Jefe de Estado. En otras palabras, el presidente no está a la altura de sus antecesores mandatarios ni tiene el prestigio de la familia del fallecido congresista. Una bofetada pública que tuvo impacto y repercusión mundial.

La ausencia del presidente fue el deseo explícito del senador McCain. La orden fue clara y contundente: “Donald Trump y la Primera Dama no estarán presentes ni formarán parte de ninguno de los actos ceremoniales”. Decisión que tiene un alcance mucho más profundo que cualquier desavenencia política de carácter coyuntural. Se trata de un rechazo absoluto a los des-valores del actual inquilino de la Casa Blanca, su arbitrariedad, prepotencia y prosaica soberbia. Pero, más que un desprecio al presidente fue una lección al pueblo estadounidense, una apuesta a los fundamentos de la patria contrarios a la chabacanería del inmoderado actual Jefe de Estado.

Los escándalos del empresario neoyorkino con prostitutas, mafia rusa y obscuras conexiones en el bajo mundo han enlodado la figura presidencial. Sin duda, los desdichados comentarios y sus excesivas formas han producido anticuerpos en la casta política estadounidense y entre sus pares a nivel internacional. Por eso, no es la primera vez que la presencia del mandatario estadounidense es vetada. No fue invitado al sepelio de Bárbara Bush, esposa y madre de dos ex presidentes. Tampoco estuvo convocado a la boda real del nieto de la Reina Isabel, ni mucho menos recibido en Londres con recepciones oficiales como el resto de los ex Jefes de Estado estadounidenses. La soberana inglesa lo recibió en el palacio de caza, durante veinte minutos, frente al rechazo de multitudinarias manifestaciones callejeras que repudiaban la visita del inquilino de la Casa Blanca al Reino Unido.

Es innegable que las políticas de este supuesto paladín de la economía han contribuido al crecimiento de la industria y el comercio estadounidense, si bien a un costo desmerecedor de la institucionalidad de la primera potencia. El mandatario ha puesto a pelear a unos contra otros confrontando a sus más cercanos aliados, vecinos y socios comerciales. En lugar de acusar a sus pares de rapiñas y abusadores de Estados Unidos, más bien, debería proponer revisiones a los acuerdos vigentes con la habilidad diplomática que se espera del presidente de la nación más poderosa del mundo, y a la altura de su investidura.

Eludir el vergonzoso comportamiento del presidente alegando, como excusa, los actuales rendimientos económicos de Estados Unidos, es igual a anteponer el dinero y lo material a la educación, la transparencia y los principios de honestidad. Pues, no hay nada más áspero y burdo que el poder económico sin refinamiento o sin el talento “de saber estar”; principios que valen tanto para personas comunes como personalidades públicas, principalmente si se trata de Jefes de Estado.

De ahí la relevancia del funeral de John McCain, senador irreprochable y caballero en toda la magnitud y extensión de este concepto: señorío, sencillez y dignidad. Razón por la cual, las figuras de mayor peso político en las filas de demócratas y republicanos le otorgaron una de las máximas distinciones: héroe de la patria. Una vez más imperó la instrucción y sensibilidad de la condición humana frente al espíritu vulgar, arrogante y ostentoso; esa innata y repugnante tosquedad que el dinero mal habido intenta enmascarar.

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Humano, humanísimo

Carlos Rodríguez Nichols

McCain fue marinero, piloto de guerra, testigo de torturas en carne propia, descendientes de almirantes navales, padre y esposo íntegro, senador por más de treinta años y candidato a la presidencia de la primera potencia mundial; es decir, ejemplo de patriotismo, decencia y honor. Sin duda ocupará un lugar entre las personalidades más prestigiosas de la historia de Estados Unidos.

Su funeral, más que un rito protocolario, fue homenaje a un hijo de la patria fruto del esplendor estadounidense de décadas pasadas, reconocimiento internacional hoy menoscabado. La afirmación de una vida dedicada al bien de la nación, y, más aún, legado al país que lo vio nacer y por el que luchó hasta el último de sus días.

La herencia más importante de McCain fue su empeño en unir a republicanos y demócratas, poniendo los valores y la dignidad más allá de los intereses partidistas. Por eso, él mismo planeó cuidadosamente sus propias honras fúnebres, invitando personalmente a expresidentes y respetables figuras políticas indistintamente de la ideología partidista en calidad de oradores a su sepelio. Entre estos, George W. Bush, Barack Obama, Joe Biden, Henry Kissinger, Al Gore, Nancy Pelosi y Paul Ryan. Todos ellos asistieron excepto el actual Comandante en Jefe de Estados Unidos, quien no fue requerido a este acto solemne digno de un Jefe de Estado. En otras palabras, el presidente no está a la altura de sus antecesores mandatarios ni tiene el prestigio de la familia del fallecido congresista. Una bofetada pública que tuvo impacto y repercusión mundial.

La ausencia del presidente fue el deseo explícito del senador McCain. La orden fue clara y contundente: “Donald Trump y la Primera Dama no estarán presentes ni formarán parte de ninguno de los actos ceremoniales”. Decisión que tiene un alcance mucho más profundo que cualquier desavenencia política de carácter coyuntural. Se trata de un rechazo absoluto a los des-valores del actual inquilino de la Casa Blanca, su arbitrariedad, prepotencia y prosaica soberbia. Pero, más que un desprecio al presidente fue una lección al pueblo estadounidense, una apuesta a los fundamentos de la patria contrarios a la chabacanería del inmoderado actual Jefe de Estado.

Los escándalos del empresario neoyorkino con prostitutas, mafia rusa y obscuras conexiones en el bajo mundo han enlodado la figura presidencial. Sin duda, los desdichados comentarios y sus excesivas formas han producido anticuerpos en la casta política estadounidense y entre sus pares a nivel internacional. Por eso, no es la primera vez que la presencia del mandatario estadounidense es vetada. No fue invitado al sepelio de Bárbara Bush, esposa y madre de dos ex presidentes. Tampoco estuvo convocado a la boda real del nieto de la Reina Isabel, ni mucho menos recibido en Londres con recepciones oficiales como el resto de los ex Jefes de Estado estadounidenses. La soberana inglesa lo recibió en el palacio de caza, durante veinte minutos, frente al rechazo de multitudinarias manifestaciones callejeras que repudiaban la visita del inquilino de la Casa Blanca al Reino Unido.

Es innegable que las políticas de este supuesto paladín de la economía han contribuido al crecimiento de la industria y el comercio estadounidense, si bien a un costo desmerecedor de la institucionalidad de la primera potencia. El mandatario ha puesto a pelear a unos contra otros confrontando a sus más cercanos aliados, vecinos y socios comerciales. En lugar de acusar a sus pares de rapiñas y abusadores de Estados Unidos, más bien, debería proponer revisiones a los acuerdos vigentes con la habilidad diplomática que se espera del presidente de la nación más poderosa del mundo, y a la altura de su investidura.

Eludir el vergonzoso comportamiento del presidente alegando, como excusa, los actuales rendimientos económicos de Estados Unidos, es igual a anteponer el dinero y lo material a la educación, la transparencia y los principios de honestidad. Pues, no hay nada más áspero y burdo que el poder económico sin refinamiento o sin el talento “de saber estar”; principios que valen tanto para personas comunes como personalidades públicas, principalmente si se trata de Jefes de Estado.

De ahí la relevancia del funeral de John McCain, senador irreprochable y caballero  en toda la magnitud y extensión de este concepto: señorío, sencillez y dignidad. Razón por la cual, las figuras de mayor peso político tanto en las filas de los demócratas como republicanos le otorgaron una de las máximas distinciones: héroe de la patria. Una vez más imperó la instrucción y sensibilidad de la condición humana frente al espíritu vulgar, arrogante y ostentoso; esa innata y repugnante tosquedad que el dinero mal habido intenta enmascarar.

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Las caras del humanismo

Carlos Rodríguez Nichols

Hoy el mundo es testigo de hordas humanas migratorias forzadas a dejar sus familias y bienes en busca de un ápice de vida, algo de esperanza ante toda clase de pérdidas incluso la muerte de seres queridos. Iraquíes y sirios huyen de pueblos reducidos a polvo y escombros, y venezolanos y nicaragüenses escapan a la miseria impuesta por autócratas mandatarios. Gobernantes ciegos de poder y codicia responsables de la hambruna de los pueblos. Autoridades que parece no importarles el número de caídos o discapacitados en funestas revoluciones; porque, como dijo uno de los dictadores más sangriento del siglo veinte: “La muerte de un hombre es una tragedia. La de millones es una estadística”. (Stalin).

No hay que ser un dotado de sensibilidad para estremecerse ante la peregrinación de adultos y niños sin presente ni un pedazo de futuro. Caminantes sin horizonte enfrentados al rechazo de vecinos que les cierran las puertas. Y, en caso de encontrar espacios para rehacer sus vidas, se ven expuestos al desprecio y etiquetas peyorativas en los países de acojo. Por tanto, se requiere políticas respetuosas de las multitudes migratorias dentro de los cánones y principios de las naciones receptoras.

Ante esto, debe existir un registro de los inmigrantes tanto por seguridad de los países de recepción como por la de los emigrantes en busca de refugio, la mayoría, huyendo de la arbitrariedad de gobiernos implacables. Claro, no todos los inmigrantes gozan de antecedentes intachables ni pasados impolutos, algunos de ellos inmersos en actividades al margen de la ley con huellas delictivas e historias de privación de libertad.

Ante esta evidencia, se debe tener una mirada pragmática de las condiciones que acosan a estas poblaciones migrantes, así como una visión realista de la situación económica de los países receptores. Es decir, no hay que confundir el sentimiento de humanidad hacia los más necesitados con actuar de forma irresponsable frente a las circunstancias sociales de las naciones de acojo: dicotomía entre empatía por el prójimo y la fría razón que insiste en ponderar exclusivamente las consecuencias que implica abrir fronteras a millares de desplazados. Coyuntura de extrema seriedad que no se puede reducir al concepto de xenofobia o aversión a las minorías. Es mucho más complejo que eso… una realidad de múltiples aristas según el prisma con que se mire.

Por eso, sería recomendable que aquellos que abogan por una absoluta e ilimitada apertura migratoria se dieran un “paseo” por las escalofriantes barriadas centroamericanas y las favelas andinas. Al menos, tener una escueta comprensión del entorno y hacinamiento en que vive gran parte de las poblaciones inmigrantes urbano-marginales, los miles de seres humanos en riesgo social que las naciones de acojo han sido incapaz de mitigar, a pesar de los beneficios aportados por los emigrantes a las economías. ¡Aportes que obviamente no se reflejan en las condiciones de vida de los menos favorecidos!

Ahora más que nunca se necesita un plan puntual para ubicar a estas multitudes migratorias, personas a las que hay que proporcionarles vivienda digna, educación, oportunidades laborales y un sistema de salud que vele por su bienestar. Una vez más, no se trata de abrir fronteras a estas poblaciones sin control alguno y después dejarlos a la “buena de Dios”engrosando las filas de pobreza de los países receptores.

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Néstor, Cristina y sus cuarenta ladrones

Carlos Rodríguez Nichols

Después de fuertes sospechas, finalmente sale a la luz pública el desvergonzado desfalco del gobierno kirchnerista durante los años de “la década ganada”. Sin duda, fue la década ganada para esta pandilla de sinvergüenzas de cuello blanco liderados por Néstor y Cristina Kirchner. Cómplices de la pareja ex presidencial en un estratégico asalto a las arcas del Estado argentino. Pero, así como no existe crímenes perfectos tampoco se puede hablar de una rapacería a gran escala sin dejar huellas criminales o al menos sombras de pasos trasgresores.

A tres años de haber dejado la Casa Rosada, se destapa uno de los escándalos de corrupción más ignominiosos de Latinoamérica. Atraco, que no solo involucra a la alta jerarquía del pasado gobierno sino también a distinguidos empresarios responsables de la obra pública del país. Es decir, negociaciones mafiosas que salpican a personalidades del universo industrial y financiero de las Administraciones Kirchner. Una mega causa con consecuencias inenarrables, que indudablemente marcará un antes y un después en las dirigencias políticas, independiente del color partidista y los alfiles de turno que ocupen la casa presidencial.

El matrimonio Kirchener fue lo suficientemente audaz para involucrar a gobernadores, jueces y representantes de la alta esfera empresarial en sus retorcidos escamoteos y depredación del Estado. Claro, no fue un acto de bondad con su prójimo más cercano, sino una vil astucia para “embadurnar” a propios y ajenos en estas macabras jaranas y así asegurar sus comprometidos mutismos. Una tapadera con extensas ramificaciones que trastoca los servicios de inteligencia, ampliamente cuestionados en el asesinato del fiscal Alberto Nisman por intentar desenmascarar los sinuosos contubernios de la ex presidenta.

Parece que en este ilusorio castillo de cristal ahora todos arrojan piedras al aire sin importarles los rangos del pasado. Cada día caen cabezas, una a una, desde insignificantes soldados rasos hasta ministros y banqueros implicados en connivencias con la pareja ex presidencial. Los peones de aquel enrevesado ajedrez hoy enuncian toda clase de detalles, nombres y apellidos con tal de minimizar sus penas y escapar a largas condenas en prisión.

Amparados por la ley, estos arrepentidos son piezas claves para desempolvar la pestilente herencia del kirchnerismo: cantidades millonarias de dinero en manos de ávidos gobernantes en lugar de ser destinado a la construcción de hospitales de primer orden, redes ferroviarias de alta velocidad, y sistemas de salud y educación propios del primer mundo. Sin duda, Argentina cuenta con la riqueza natural y potencialidad de desarrollo para ser ejemplo de crecimiento económico y social del continente.

Desafortunadamente, la codicia de los políticos indistintamente de sus discursos ideológicos ha convertido al país en un dechado de corrupción regional. Es decir, congresistas y senadores envueltos en falaces retóricas dadivosas, blindados con inmunidad y aforos que impiden se les pueda juzgar mientras ocupen posiciones oficiales. En otras palabras, líderes partidistas más interesados en engrosar egos personales y fortunas particulares que en el bien común que tan delusoriamente pretenden.

Pero, como en todo movimiento populista aún existe un sector del electorado ciego de fanatismo que rehúsa aceptar la realidad por más veraces y crudos engaños. Esa parte de la ciudadanía argentina que hasta la fecha adora a Cristina, esa suerte de “reina de pueblo”envuelta en coimas, lavado de dinero y toda clase de transacciones truchas. Porque, no importa lo que hagan o dejen de hacer estos políticos, sus exaltados seguidores los encubren hasta el final de su sepulcro político. Solo hay que recordar las multitudes que apoyaron al genocida Adolfo Hitler hasta los últimos días en bunkers clandestinos, y a Richard Nixon saliendo vergonzosamente por la puerta trasera de la Casa Blanca después de engañar a la Justicia, o la estampida del desprestigiado Pablo Escobar intentando sortear balsos en los tejados de Medellín. Los adoradores de estas siniestras personalidades públicas veneran a sus ídolos cuales santidades medievales exentos de cualquier pecado.

No obstante, en esta vorágine de corrupción y desfalcos argentinos aún se puede comprobar la autonomía del poder judicial y la labor investigativa de los medios de comunicación independiente de coacciones externas. Una vez más, se puede corroborar la existencia del profesionalismo periodístico al denunciar los excesos cometidos por las dirigencias políticas.

El caso Kirchner es una de las desfachateces más vergonzosas de Argentina y de esa maltrecha arenga supuestamente benefactora que en última instancia sólo beneficia a la clase política que ocupa la cúspide jerárquica. ¡Un acto de deslealtad y alevosía desde todo ángulo que se mire!

Esta escandalosa conspiración delictiva considerada uno de los mayores atracos estatales de la historia debe servir como espejo aleccionador no solo a los políticos argentinos sino también a gobernantes regionales implicados en obscuras negociaciones al margen de la ley:  una de las razones, sino la más de peso, por lo cual los pueblos latinoamericanos no terminan de salir del subdesarrollo económico y social en que se encuentran.

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Libertad y democracia

Los cimientos de la libertad y la democracia son diametralmente antagónicos a las dictaduras de izquierda o derecha y a los regímenes de corte totalitario. Autócratas y populistas despóticos que falsamente asentados en el modelo democrático ejercen políticas contrarias a los valores natos de la democracia. Una prosaica manera de silenciar el sentir de los ciudadanos opuestos a las políticas oficialistas. En otros términos, un bozal a la libertad de prensa y a la opinión pública pilares del sistema democrático.

En el último lustro ha habido un resurgimiento de fuerzas reaccionarias antidemocráticas de corte xenófobo opuestas a las minorías raciales, y, a las migraciones de pueblos abatidos por guerras y hambrunas muchas de ellas causadas por las mismas naciones que hoy cierran sus fronteras. Vale mencionar la fobia europeísta del movimiento Brexit en el Reino Unido, las organizaciones clandestinas neonazis en Europa Central, y el proteccionismo nacionalista de la actual Administración de Washington en clara oposición a tratados internacionales.

La salida de Estados Unidos del tratado nuclear con Irán aminora sustancialmente las posibilidades de una interacción beneficiosa entre las partes. Medidas desaprobadas por los restantes firmantes del pacto porque no solo afectan la economía y al pueblo iraní sino, también, la credibilidad y réditos de compañías europeas y asiáticas que comercien con la república islámica. Transacciones que se materializaron en más de veinte mil millones de euros para las compañías europeas, sin contabilizar las ganancias que significó la firma del tratado para Pekín, Moscú y Delhi en los dos últimos años. La determinación estadounidense de romper el acuerdo conlleva en última instancia consecuencias negativas para Estados Unidos, los países europeos, las organizaciones internacionales, y Oriente Medio como región en la totalidad.

Desde un punto de vista demográfico, la ruptura de dicho tratado es contraproducente para la Unión Europea dado que una mayor desestabilización del Golfo pérsico acrecentaría el desplazamiento de refugiados al viejo continente; inmigrantes, a los que hay que proporcionar servicios de salud, educación y vivienda. Es decir, satisfacer las necesidades básicas de estas poblaciones: hordas de adultos y niños sin presente ni futuro, sujetos a asistencias sociales y a denigrantes rechazos en los países de acojo.

En un ambiente mundial de tan alto voltaje, se requiere jefes de gobierno conciliadores capaces de construir alianzas intercontinentales y neutralizar fuerzas adversas. Por eso, contrario a esto dicho, el debilitamiento de las alianzas occidentales fortalecería la posición de China y Rusia en la arena política internacional. Para Moscú, el enfriamiento de la relación entre Estado Unidos y los socios europeos es visto como ganancia para la política exterior del Kremlin y factor retributivo para Putin como hombre fuerte Jefe de Estado.

Guste o no, Rusia y China son unos de los principales actores del vigente mundo multipolar con capacidad regional para imponer su potestad y visión hegemónica: naciones que en la última década han concretado su legitimidad y exitoso ascenso político y militar ante el descrédito internacional de la presente Administración de Washington. Hoy, el mundo es testigo de una confusión generalizada fruto de la guerra comercial de Estados Unidos hacia China, las sanciones a Corea del Norte, Turquía, México, Irán, Canadá, Europa y las naciones de la alianza del Pacífico: constantes desvaríos del presidente de la primera potencia mundial, el “agresor en serie” de la América First, en perjuicio de la estabilidad y el equilibrio mundial.

No obstante, los seguidores del Jefe de Estado estadounidense han construido una suerte de “culto ciego” alrededor de la figura del presidente a quien respaldan y admiran más allá de cualquier torpeza y desacierto. Se sienten identificados con la personalidad autoritaria y el nacionalismo populista de esta especie de acosador social de las minorías. La base ortodoxa republicana ha encontrado en el inquilino de la Casa Blanca un “modelo a seguir” independiente de los asiduos cambios de opinión del mandatario, sus decires emitidos sin evaluación a priori, ni las consecuencias de sus frecuentes improperios.

Una representación al rojo vivo de una personalidad incapaz de controlar su impulsivo temperamento. Esto, sumado a la catarata de epítetos contra todo aquel que se distancie de la rígida estructura reaccionaria del sector ultraconservador estadounidense que el presidente fomenta día a día. Comportamiento y actitudes populistas antagónicas al desarrollo civilizatorio que se espera de las naciones democráticas primer mundistas, supuestos ejemplos del tan controvertido concepto de libertad. En definitiva, no es agrediendo a propios y ajenos o sellando las bocas de opositores que se construye un mundo libre de conflictos atómicos a gran escala; espada de Damocles que trastoca la humanidad, al extremo, de un nada desdeñable desenlace humano de trágicas proporciones.

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